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IA y educación · 25 de septiembre de 2026

Cataluña pone límites a la IA en las aulas: lo que cambia para el docente

El Departament d’Educació publica un documento con reglas para el curso 2026-27. La parte incómoda no es la edad mínima: es que gran parte de la responsabilidad recae en el profesorado.

Una joven presenta de pie ante otras personas en una biblioteca

Foto: Kampus Production, Pexels. Imagen ilustrativa, no pertenece a la noticia.

Lo que se ha anunciado

Con el inicio del curso 2026-27, la Generalitat de Cataluña ha actualizado un documento orientativo sobre el uso de la inteligencia artificial en los centros. Según Xataka Móvil, que recoge la presentación de la consejera Esther Niubó, y El Nacional, las líneas principales son estas: el alumnado menor de 14 años no debería usar de forma autónoma herramientas de IA de propósito general; de 14 a 18 hace falta autorización explícita y documentar el uso; y en trabajos como el de investigación de Bachillerato se acepta la IA, pero se recomienda una defensa oral que compruebe que el alumno entiende lo que presenta.

El documento también pide que, en cualquier caso, se verifiquen las aportaciones de la IA: revisarlas, contrastarlas y reformularlas. Cada centro deberá crear un grupo de trabajo que decida cómo incorporarla, y el Departament promete formación para el profesorado. Según Xataka Móvil, además se recomienda que el profesorado no use IA para corregir exámenes y que avise cuando la utilice; este punto solo lo recoge esa fuente, así que conviene leer el documento original antes de darlo por cerrado.

Nuestro análisis

Son recomendaciones, no una prohibición, y eso importa. Un documento orientativo deja en manos de cada centro decidir cómo se aplica, y de cada docente decidir qué hace el lunes por la mañana. Tres consecuencias prácticas:

Primera: verificar la autoría exige rediseñar la evaluación. Si el alumno puede generar un texto correcto en dos minutos, ya no basta con corregir el texto: hay que evaluar la comprensión, y eso implica preguntas orales, procesos, borradores y evidencias. Es más trabajo por alumno, en la misma jornada.

Segunda: la exigencia de verificar «las aportaciones de la IA» presupone que el profesorado sabe hacerlo. Detectar una alucinación o un sesgo requiere método, no intuición. Una formación genérica de una tarde no lo cubre.

Tercera: lo que hoy es una norma catalana suele acabar siendo referencia para otras comunidades. Si trabajas en otro territorio, conviene que empieces a hacer ya lo que aquí se recomienda: decidir, por escrito, qué usos de la IA son válidos en tu materia y cómo se comprueba que el alumno ha comprendido.

Qué significa para tu aula.

La novedad no es que haya reglas. Es que las reglas reparten el trabajo de verificar y de evaluar en el profesorado, mientras la tecnología cambia cada pocas semanas. Con un truco aprendido para una herramienta, cada cambio te obliga a empezar de cero; con un método para definir qué es un buen resultado, evaluar evidencias y verificar antes de usar, lo que cambia es la herramienta, no tu forma de trabajar.

Ese es el tipo de capacidad que se trabaja en Maestría: verificar, adaptar y evaluar con criterio, y que la IA sea un apoyo del docente y no un atajo del alumno.

Ver cómo funciona Maestría

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